¿Estamos preparados para la economía colaborativa?

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No hay manera. Cada vez que sale una nueva aplicación, servicio o idea que supone facilitar un poco más el día a día de los ciudadanos gracias a los beneficios de la tecnología con los que contamos hoy en día, existe algún tipo de traba absurda para echar atrás dicho fenómeno. Hemos visto problemas con Blablacar, con Uber y con cualquier servicio que pretenda saltarse, ya no la legalidad o la ley, sino la forma a la que estamos habituados a realizar transacciones.

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El capitalismo “moderno” en el que vivimos tiene mucho más de depredador que de progreso y realmente se ha quedado anclado en el pasado. Por mucho que estas ideas nazcan de la existencia de la competencia, que generan beneficios para los usuarios gracias a una mayor variedad de opciones y el fomento de la creatividad, por mucho que estén satisfaciendo una demanda real que el público viene pidiendo, por mucho que sigan existiendo huecos en el mercado y deficiencias por cubrir, estas aplicaciones o servicios no son bien vistos. No se si es porque simplemente nacen al amparo de internet y se tratan de startups tecnológicas o porque los de arriba no tienen ganas de tocar las narices a sectores que están más que acomodados con sus actuales puestos de trabajo.

Siempre hemos escuchado quejas sobre la burocracia, la rigidez de las administraciones públicas, la lentitud de la justicia…cientos de problemas que muchas veces se han visto evidenciados por el mero hecho de no haberse adaptado a los nuevos tiempos. Si en estos sectores, de tan vital importancia para la sociedad, no se ha conseguido llevar a cabo un proceso de modernización y digitalización que ayude a agilizar el proceso, no podemos pretender que los de arriba entiendan que nosotros sí que lo necesitamos. No podemos pretender que estas personas legislen cosas sobre las que no tienen ni idea, porque ni les va ni les viene.

Me temo, que tal vez como sociedad de a pie, estamos preparados para una economía colaborativa más allá de normas y leyes rígidas y anticuadas. Sin embargo, desde arriba, no lo están y al final, es lo que prima.

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